El siguiente artículo apareció en inglés en el número 69 de Proletarian Revolution (invierno 2004).


La inconclusa revolución boliviana

Un levantamiento dirigido por la clase trabajadora derrocó al presidente de Bolivia Gonzalo (Goni) Sánchez de Lozada el 17 de octubre y detuvo el plan del gobierno boliviano y de sus amos imperialistas para vender las reservas de gas natural de Bolivia. La lucha fue iniciada con bloqueos a carreteras que hicieron los campesinos en septiembre y la acción decisiva culminó con una huelga general por tiempo indeterminado en el mes de octubre, que creció hasta alcanzar proporciones históricas. La unidad de trabajadores y campesinos que se desarrolló en la acción constituyó nada más y nada menos que un terremoto político en Bolivia.

Durante el curso de unas pocas semanas las masas bolivianas demostraron nuevamente su capacidad para la acción heroica y audaz que ha caracterizado a su historia. En Bolivia, la mayoría de la población es indígena, principalmente aymará y quechua, trabajadores y campesinos. La tendencia de la población indígena de buscar la unidad en contra de la establecida represión racista del sistema fue un factor de enorme peso. Otro poderoso factor unificador fue la creciente oposición a la devastación económica producida por el neoliberalismo, tanto entre la clase trabajadora como el campesinado. Ambas clases han sido gravemente perjudicadas por ola tras ola de ataques. Las acciones y exigencias de las masas fueron mucho más allá de lo que querían sus líderes oficiales. Sin embargo, los líderes de los trabajadores y del campesinado manipularon la situación para proteger a la clase capitalista en el gobierno. El pod! eroso levantamiento de las masas, en contraste con la patética traición de los líderes reformistas, señala el hecho de que sólo el liderazgo del proletariado revolutionario en la alianza de los trabajadores y campesinos puede resolver la difícil situación del pueblo boliviano.

De El Alto a La Paz

Un hecho clave en el desarrollo de los acontecimientos ocurrió en El Alto, una ciudad industrial cerca de La Paz, la capital. Fue allí donde la clase trabajadora organizó una huelga general total que para el 8 de octubre había paralizado a la ciudad. Por su parte, la gente de El Alto desempeñó un papel crucial en la exitosa difusión de esta huelga general a La Paz, como así también a Cochabamba y otros importantes centros urbanos.

En El Alto las masas tuvieron que considerar enfrentarse con la policía. El ejército lanzó un ataque mortal contra el movimiento cuando un contingente de mineros llegó de Huanuni, del distrito minero de Oruro el 9 de octubre. Ése fue un momento definitorio, cuyo espíritu fue captado en esta descripción.

Durante la tarde del 10 de octubre, en el velatorio de Ramiro Vargas, un obrero aymará de la construcción de 22 años ... los presentes en el velatorio entonaron ¡Ahora sí! ¡Guerra civil! ¡Ahora sí! ¡Guerra civil! La policía había matado de un tiro a Vargas el 9 de octubre sin ninguna otra razón que la que 500 mineros habían llegado de Huanuni para unirse a la huelga del pueblo de El Alto... Luego de la muerte de Ramiro Vargas, los comités vecinales de El Alto dieron a la policía 24 horas para abandonar sus casas y le hicieron un llamado para que se unieran al levantamiento. De otra manera, serían víctimas de la justicia popular.... ¡Que nadie se atreva a patrullar las calles de El Alto! ... A pesar de los tanques, aviones, soldados y helicópteros que ametrallaban indiscriminadamente, más del 90 por ciento de El Alto, al comenzar el quinto día de huelga popular, permanece bajo el control de las asociaciones vecinales, los vendedores del mercado, estudiantes de la universidad pública y la Central Obrera Regional (COR). (Forrest Hylton, “Bolivia: Aymara Rebellion and Democratic Dictatorship,” Bolivia Watch, Oct. 13)

Durante días, los trabajadores ya habían tomado la iniciativa de marchar por los barrios de El Alto con cascos en los que se leía “Policía Obrera”. Los mineros, alzando cartuchos de dinamita, también desempeñaron un papel importante en la defensa del movimiento de El Alto. Se enfrentaron con decisión a la policía durante el último día de las marchas masivas hacia La Paz antes de que Goni renunciara.

La lucha unió a la clase trabajadora aymará y al campesinado de las altiplanicies del oeste, al campesinado quechua del sur y a los cultivadores de coca de las tierras bajas del este. Los mineros, los obreros del transporte y de otros gremios en huelga de La Paz desempeñaron importantes papeles. Para el 13 de octubre se pudo ver un espectáculo magnífico: la capital estaba rodeada y paralizada. Se hicieron llamados de “Obreros al poder” en diferentes ciudades. Se estaba produciendo una insurrección. La renuncia del presidente Sánchez de Lozada era claramente inevitable.

Con cientos de miles de personas en las calles de La Paz y en todo el país, para el 17 de octubre Sánchez de Lozada había huido a Miami, siguiendo la larga tradición de los derrotados lacayos latinoamericanos del imperialismo. En ese momento la estabilidad del gobierno capitalista corrió un peligro enorme. No había una solución militar nacional posible para suprimir la insurrección. El ejército de conscriptos era inestable: los soldados se rehusaban cada vez más a obedecer órdenes en contra de la rebelión de masas, en constante crecimiento. Hasta la policía, los mercenarios de la clase gobernante, tenían miedo y no se podía confiar completamente en ellos para que hicieran su trabajo, como se demostró en El Alto.

Cuando la lucha de octubre llegó a su fin, habían muerto en todo el país más de 150 manifestantes, y muchos más habían sido heridos. Siguiendo a paso lento la retaguardia de las masas, los sindicatos comenzaron a sentir presiones para organizar comités de defensa de trabajadores, pero en realidad nunca se hicieron responsables por dar armas al movimiento.

Retórica revolucionaria, traición reformista

La solución usual de los gobiernos lacayos del imperialismo en estas situaciones es recurrir a una operación militar, encubierta o descubierta, por parte de Estados Unidos. Pero esto no fue posible debido a la preocupación de Estados Unidos sobre Irak y Afganistán. En cambio, los líderes reformistas de los trabajadores y del campesinado salvaron la situación para el capitalismo boliviano. Maniobraron para nombrar presidente al vicepresidente Carlos Mesa, el 18 de octubre. Estos líderes habían sido obligados por las masas a declarar y difundir una huelga general y a bloquear las carreteras en apoyo a la huelga. Pero en el momento decisivo, dieron un período de tres meses “para respirar” al “nuevo” gobierno capitalista de Mesa.

Los principales responsables de esta traición de clase fueron los líderes de los sindicatos de trabajadores y campesinos: Evo Morales, máximo dirigente del sindicato de cultivadores de coca (y del partido político MAS, que había resultado segundo por poco margen en las últimas elecciones presidenciales); su rival político, Felipe Quispe, dirigente máximo del sindicato nacional que agrupa a todos los campesinos, CSUTCB (Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia), y Jaime Solares, dirigente máximo de COB (Central Obrera Boliviana), el sindicato central al que tanto los sindicatos de los campesinos como los de los trabajadores están afiliados. También importante fue Roberto de la Cruz, el líder militante del sindicato regional cuyo centro está en El Alto. Cada líder, respaldó a Mesa en la práctica, mientras que disfrazaban su traición con medidas dosis de retórica de lucha de! clases.

Este floreo radical fue obvio en el Ampliado Nacional del COB que tuvo lugar en La Paz el 18 de octubre, con la presencia de decenas de miles de manifestantes. Los líderes ya habían prometido su apoyo a Mesa, pero frente a las masas sólo dijeron que estaban haciendo una “repliegue táctico” para prepararse para la siguiente batalla.

En esta atmósfera, la asamblea hizo un llamado por la anulación de la Ley de petróleo y gas que había permitido la privatización de las industrias nacionalizadas por la revolución de 1952. También demandó la anulación de la ley de reforma agraria que permitía privatizar las tierras propiedad de comunidades, y el castigo de los funcionarios responsables por las matanzas cometidas durante el conflicto. El Ampliado Nacional de la COB exigió ademós el derecho de revisar todos los contratos de privatización y de alquileres de los yacimientos petroleros, de minas y compañías de propiedad del estado. También exigió que el gobierno rechazara públicamente todo pedido para permitir el ingreso a territorio boliviano de tropas extranjeras. Determinó no apoyar al nuevo gobierno hasta que éste se comprometiera a no exportar gas, ya sea por la vía de Chile o Perú, y de retirar la Ley de petróleo ! y gas.

Todo esto fue negado por el hecho de que COB muy poco después canceló la huelga general, como parte de los tres meses que se le habían dado a Mesa. Con los trabajadores desmovilizados, este conocido defensor del neoliberalismo rápidamente volvió a prometer la venta de gas.

La lista de exigencias aparentemente radicales hechas con fines cosméticos no fue lo único que los líderes ofrecieron ese día. El Ampliado de la COB también rindió tributo a la grandeza de las masas y a las metas revolucionarias. De acuerdo a informes, el Ampliado llegó a la conclusión de que “los obreros, campesinos, naciones oprimidas y clases medias empobrecidas no le arrebataron el poder a la ‘clase dominante’ porque ‘no cuentan’ aún con un ‘partido revolucionario’”. Y el líder de la COB, Jaime Solares, declaró, acompañado de un aplauso estruendoso, que:

Los que nos consideramos revolucionarios no nos podemos mentir. Ningún líder ni ningún partido político dirigió este levantamiento popular.... Los trabajadores bolivianos, desde abajo, fueron los que echaron a patadas del poder al asesino de ‘Goni’. Fueron las masas enfurecidas las que le dieron un sopapo al imperialismo norteamericano. Nadie, individual y partidariamente, se puede adjudicar el liderazgo de este conflicto. ¡Nadie!

Otro líder sindical afirmó que, a pesar del “espacio para respirar”, ellos no estaban en realidad apoyando a Mesa porque, después de todo, Mesa no era de la clase trabajadora y tampoco la representaba. (Econoticiasbolivia.com, 19 de octubre)

Los abundantes homenajes a las masas y a la necesidad de contar con un partido revolucionario fueron concesiones necesarias debido al alto nivel de conciencia de clase alcanzada por los trabajadores en la lucha. Ese logro estaba profundamente enraizado en la historia de la lucha de clases en Bolivia, en especial la tradición política de la traicionada revolución proletaria de 1952.

Desgraciadamente, los líderes reformistas también habían aprendido lecciones del pasado, sobre como traicionar. Y ésta no fue la primera vez que estos líderes habían usado esos discursos para cancelar una huelga general. Parte de las tonterías radicales fueron repetidas casi palabra por palabra de una traición similar, aunque de menor escala, de febrero pasado, cuando fue detenida una huelga general en contra de un plan de austeridad inspirado por el FMI. La completa hipocresía de las supuestas revelaciones “revolucionarias” manifestadas por estos falsos dirigentes a mediados de octubre necesitaba ser descubiertas por medio de un desafío directo a estos líderes para que lucharan por el poder de clase en el que, según decían, ellos creían.

Tareas revolucionarias

En lo más intenso de la lucha, la situación tenía elementos que los marxistas llaman “poder dual”, con fuertes similitudes a la situación durante la Revolución rusa de febrero de 1917. En esa época, los trabajadores y los soldados derrocaron al régimen zarista y establecieron sus propios concejos (“soviets”) que tenían el poder de dirigir a la sociedad. Pero le entregaron las riendas del poder del estado a un gobierno provisional burgués. El régimen burgués existió y funcionó solamente porque los trabajadores no tenían todavía conciencia de la necesidad de crear su propio estado.

Se necesitaban verdaderos comités de huelga, los que hubieran sido el embrión necesario para los concejos de trabajadores y campesinos (juntas o soviets). En El Alto, una red de concejos vecinales dirigió la huelga y proveyó a las necesidades diarias de la gente, conjuntamente con los sindicatos. En El Alto, La Paz y otras partes, las reuniones de sindicatos frecuentemente procedían como reuniones de masas. Hay mucha evidencia que muestra que las masas estaban muy concientes de la necesidad de hacer presión sobre sus propios líderes para que actuaran, y de que los líderes estaban muy concientes durante coyunturas importantes de que el costo de no responder era perder su influencia.

Sin embargo, mientras que las masas ejercían presión en su liderato por medio de la auto actividad, que incluía a los concejos vecinales y las reuniones abiertas de masas, no podían romper las barreras que representaban sus dirigentes. Para esto, un liderato revolucionario alternativo hubiera sido necesario. Y una forma alternativa de organización para el debate y la lucha de masas, los soviets, hubieran sido vitales para que los trabajadores y campesinos pudieran controlar su propio destino.

Dentro de estos concejos de trabajadores revolucionarios, aun un pequeño grupo revolucionario, al principio pequeño, podría haber luchado por su programa y su liderato, y con el tiempo, haber atraído a los elementos de más visión para la tarea de construir un partido de vanguardia. Las formaciones democráticas y potencialmente revolucionarias como los soviets fueron una absoluta necesidad en la revuelta boliviana y representan una amenaza mortal a los atrincherados líderes sindicales reformistas. En Rusia, en 1917, al comienzo de la Revolución, los bolcheviques eran una organización de vanguardia pequeña pero decidida. Por medio de un estricto seguimiento de los principios de independencia de la clase trabajadora y liderazgo, y de tácticas inteligentes para desenmascarar a los socialistas seudo revolucionarios, ellos pudieron dirigir a la clase trabajadora al poder en la revolución de octubre. Es en verdad una tragedia q! ue no hubiera un Partido Bolchevique en Bolivia en 2003.

Tácticas revolucionarias

Una tarea principal de los revolucionarios es la de desenmascarar a todos los falsos dirigentes de nuestra clase. Es la única manera de construir un partido revolucionario compuesto por los trabajadores con una conciencia de clase más avanzada. Esto significa dirigirse siempre a los trabajadores en forma franca y directa con propaganda para el partido de clase, la revolución proletaria y la necesidad de crear un estado obrero, sin ninguna ofuscación. En una situación revolucionaria como la de Bolivia en octubre, también significa luchar por estas metas utilizando todas las tácticas y eslóganes para convencer a las masas de la clase trabajadora y ayudarlas a desarrollar su conciencia a través de la lucha práctica.

En particular, creemos que la agitación en Bolivia por un “gobierno obrero y campesino” era una necesidad ineludible. Como explicamos en nuestro importante artículo El mito y la realidad del Programa de Transición, este eslogan viene del Programa de transición de Trotsky, que presenta un sistema de exigencias de acción que permiten a los revolucionarios unirse con sus compañeros trabajadores en una lucha de frente único basada en sus organizaciones de masa. En este caso, los revolucionarios declaran abiertamente que una razón importante por la que proponen una lucha unida por un gobierno de los trabajadores es para probar que la clase trabajadora debe liderar una alianza de los trabajadores y los campesinos, que la revolución es necesaria y que los líderes de COB no llevarán a cabo sus promesas radicales de construir una alternativa a Mesa con la clase trabajador! a.

La exigencia del gobierno de trabajadores es la exigencia de más largo alcance del Programa de transición porque trata de la cuestión del mismo poder del estado. Más que exigir a los líderes reformistas, quienes dicen representar a la clase trabajadora y dicen que los trabajadores deben constituir un gobierno en algún momento futuro, en realidad lo que la situación en Bolivia demandaba era luchar por ese gobierno ahora. Los trabajadores querían que su clase controlara el gobierno, y no los políticos burgueses. La abrumadora mayoría no entendía todavía la necesidad de destruir la estructura del estado en existencia; ellos creían que un cambio decisivo en el gobierno podría satisfacer sus necesidades. Y eso fue lo que los líderes de COB dijeron favorecer, a pesar de su acuerdo “temporal” con Mesa. Esa mentira tenía que ser desenmascarada para convencer a las masas que necesitaban de un auténtico Partido Bol! chevique, la destrucción del estado actual y la creación de su propio estado obrero como parte de la confederación latinoamericana de estados obreros.

Simplemente escribir propaganda que explicara que los falsos dirigentes no estaban realmente en favor de un estado obrero no los hubiera desenmascarado a los ojos de las masas, las que estaban claramente absorbidas en la cuestión de cambios en el gobierno, no todavía en la cuestión de la revolución socialista. En el contexto de la acción unificada de masas fue necesario probar que los líderes ni siquiera estaban por un gobierno de los trabajadores, si bien las masas ya habían demostrado que podían derrocar al gobierno. Los bolcheviques se hubieran dirigido a sus compañeros trabajadores según lo siguiente:

“Como ustedes todavía sienten que estos líderes pueden ser presionados para que representen a nuestra clase, ejerzamos ahora la máxima presión para someterlos a prueba, veremos en la práctica quién de nosotros está acertado. Nosotros, los revolucionarios creemos que estos líderes están completamente dedicados a sostener a otro gobierno capitalista. Creemos que no hay mejor momento que éste para luchar por el poder si realmente lo quieren hacer. Pero no creemos que ellos tengan ninguna intención de luchar por un gobierno basado en nuestras propias instituciones. Y en verdad creemos que lo que es necesario no es ni siquiera un cambio en el gobierno sino el derrocamiento del capitalismo, un gobierno de la clase trabajadora en un estado proletario.

“Nos mantendremos junto a nuestros compañeros trabajadores en la lucha por un gobierno de nuestra clase, mientras que advertimos abiertamente que los líderes traicionaran esta lucha. Si tenemos éxito en presionarlos para que formen un gobierno, continuaremos señalando sus limitaciones mientras permanezcan en el poder líderes reformistas y un sistema capitalista nos continúe explotando. Pero luchemos juntos ahora, al menos para que estos líderes formen un gobierno de trabajadores y campesinos basado en nuestras propias instituciones. Pensamos que el resultado probará la necesidad del liderato de un partido revolucionario y de la revolución socialista.”

Líderes de la COB, ¡tomen el poder!

Dado que una forma amplia de la COB había servido como el cuerpo central para la toma de decisiones de las masas revolucionarias en lo más intenso de la lucha, la táctica del gobierno obrero y campesino podría haber tomado la forma concreta de exigir “¡COB Ampliado al poder!” Esto hubiera sido una manera crítica de indicar el papel de liderazgo de los sindicatos de trabajadores en alianza con los sindicatos de los campesinos, y de desenmascarar los preparativos de los líderes para apoyar una vez más a otro régimen burgués.

En cambio, todos los líderes y la izquierda apoyaron el eslogan “¡Abajo Goni!”, ¡sin presentar ninguna alternativa inmediata para la clase trabajadora! Dado que la lucha de masas estaba a punto de convertirse en insurrección, no había lugar para la abstención en estas cuestiones. Ya la renuncia de Sánchez de Lozada era inminente, una alternativa a lo que de otra manera hubiera sido un régimen burgués sustituto tenía que ser presentada inmediatamente. Si se hubiera presentado este desafío a los líderes de los sindicatos de trabajadores y campesinos de que tomaran ellos mismos el poder, todos sus lamentos sobre la falta de un partido revolucionario hubiera sido desenmascarado aún más abiertamente frente a las masas como la traición de clase que realmente era. En vez de tratar de fomentar un sentimiento de impotencia y resignación, lo que era la verdadera intención del Ampliado de la COB el 18 de octubre, es! ta exigencia hubiera abierto el camino para un enorme avance de toma de conciencia, previniendo que los líderes de la COB desarticularan la lucha, debilitado a Mesa y acelerado la formación del partido de la vanguardia obrera.

En gran parte, las masas ya sabían que ellas habían sido la fuerza impulsora de la lucha en todo momento. Necesitaban que se les mostrara la manera de llevar adelante esta conciencia y espíritu de lucha para alcanzar sus metas. Por consiguiente, era esencial desafiar a sus líderes, Solares, Morales y Quispe, a que tomaran el poder en representación de los sindicatos de trabajadores y campesinos, juntos con nuestra clara advertencia de que estos líderes traicionarían a sus bases.

Además, era crucial que los revolucionarios condujeran una lucha sin cuartel para continuar la huelga general; ésa era el arma que reflejaba el poder de los trabajadores y campesinos. También era necesario hacer un llamado para la formación de los soviets, instrumentos de poder dual. Los soviets no solamente hubieran servido como las instituciones a través de las cuales las masas podrían continuar su lucha como el brazo combinado legislativo-ejecutivo de nuestra clase; bajo un liderato revolucionario ellos podrían haberse convertido en la base del nuevo poder del estado que debe lograr la revolución.

En realidad, algunos llamados para la creación de comités de huelga y de auto defensa fueron hechos por algunos grupos de izquierda. Pero usaron el eslogan del gobierno obrero no como una exigencia táctica de transición, un desafío diseñado para desenmascarar y derrotar a los falsos líderes. En vez, evitaron una inmediata lucha de clase por el poder, cuando ésa era la cuestión inevitable del momento. De igual manera, al no utilizar tácticas para crear una mayor separación entre Morales, Quispe, Solares y las masas, evitaron avanzar la lucha por un liderato. La izquierda seudo trotskista o bien usó el eslogan del gobierno obrero como la meta última en el futuro, evitando un llamado claro por un estado obrero, o bien realizaron llamados abstractos en favor de un gobierno y estado obrero, sin hacer ningún comentario sobre partidos o instituciones concretos que podrían llevar a cabo esa lucha.

La propaganda para trabajadores de avanzada debe decir la verdad: debe ser absolutamente clara sobre las metas revolucionarias de la dictadura del proletariado. De otra manera, es una propaganda vacilante, centrista, que refuerza las ilusiones reformistas aun entre las capas más avanzadas. De la información que tenemos disponible, esto es lo que fue hecho por los dos grupos nominalmente trotskistas de Bolivia, el Partido Obrero Revolucionario (POR) y la Liga Obrera Revolucionaria (LOR), un grupo que se separó del POR en 1989 y está afiliado con la Fracción Trotskista internacional, dirigida por el PTS argentino. (Ver nuestro artículo sobre este grupo en PR 68.) Ambos grupos, y varios otros seudo trotskistas del mundo, hablaron sobre un gobierno obrero como una meta distante en vez de una manera de desafiar a los líderes en el medio de la lucha de masas.

La revolución permanente

Nada que no sea una lucha por el liderato, la construcción de un partido revolucionario para derrotar al capitalismo en Bolivia, puede responder verdaderamente a las necesidades de las masas y resolver la crisis cada vez más profunda en Bolivia. Tampoco, como los auténticos trotskistas lo han entendido siempre, se pueden resolver los problemas de la revolución nacional, con algo que no sea una estrategia abiertamente internacional. Ésa es la estrategia de la revolución permanente. Latinoamérica está atacada por los mandatos del Fondo Monetario Internacional; no hay ni un solo país estable en la actualidad. Sin embargo, a lo largo de la lucha boliviana, los líderes reformistas alimentaron los fuegos de un nacionalismo antichileno, y la misma izquierda centrista falló en concentrar su voz en la necesidad de un ataque coordinado al imperialismo por los trabajadores y campesinos oprimidos más allá de las fronteras de Bolivia.

Los trabajadores bolivianos podrían apelar a la ayuda de la clase trabajadora internacional para repudiar la deuda del estado a los banqueros imperialistas y hacer un llamado a los trabajadores y a sus organizaciones en países consumidos por la deuda como Argentina y Brasil para que hagan lo mismo. El vecino Perú ha sido sacudido por la agitación de las masas en contra del “estado de emergencia” declarado por el gobierno durante gran parte de este año. “Obreros al poder” y “Guerra Civil” fueron los gritos de batalla en la lucha boliviana. También fue necesario agregar el eslogan “Repudio a la deuda imperialista”, una expresión de estrategia internacional conciente que podría encender la lucha de la clase trabajadora en cada país latinoamericano atacado por el imperialismo norteamericano.

Igual que los primeros bolcheviques y la Cuarta Internacional, decimos que lo que se necesita en Bolivia y en todas partes en la actualidad es un partido que no hace concesiones al gobierno imperialista y burgués porque es el único que representa a los intereses internacionales de trabajadores y obreros del mundo. La lucha en Bolivia se reabre. Latinoamérica es un barril de pólvora y lo que suceda ahora en Bolivia podría detonar al continente.

28 de noviembre de 2003

¡Armas para las masas bolivianas! ¡Huelga general para derrocar a Mesa!
¡Trabajadores al poder! ¡Construyamos el partido revolucionario!
Latinoamérica: ¡Repudio de las deudas imperialistas!
Estados Unidos: ¡No a la intervención en Bolivia!
¡Para una revolución socialista y proletaria!
¡Creemos una nueva Cuarta Internacional!