El siguiente artículo es del Nro. 47 de Proletarian Revolution (verano de 1994).

en inglés


El levantamiento de Chiapas y la revolución mexicana

El 1ro de enero de 1994 los EE.UU. imperialistas y sus socios menores mexicanos celebraron la implementación del Tratado de Libre Comercio de Norte América (TLCNA). Los capitalistas proclamaron el triunfo global del “mercado libre” sobre las luchas de la clase trabajadora para defenderse así mismos de los asaltos de la privatización, creciente desempleo, reducciones de salario y jornales, y la violencia. Los imperialistas y su clientela burguesa local se imaginaron que podían golpear a los trabajadores y campesinos con impunidad.

Ese mismo día de Año Nuevo se vio la complacencia auto-alentadora de los imperialistas explotarle en sus mismas caras. Con la precisión del reloj y una excelente preparación, miles de campesinos indígenas se levantaron y tomaron las principales ciudades del estado de Chiapas, el más sureño y pobre de los estados de México. Bajo la bandera del escasamente conocido Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), ocuparon las ciudades durante varios días, armados con pocos rifles y pistolas viejas, cuchillos y garrotes... contra los tanques, artillería y aviones bombarderos del ejército mexicano. Todo el mundo se percató de su valiente lucha contra la pobreza y la opresión.

El vínculo entre el TLCNA y el levantamiento de Chiapas no fue un accidente. El único dirigente público del EZLN, el “subcomandante Marcos” declaró que “El Tratado de Libre Comercio de Norte América es un acta de defunción para las gentes indígenas de México...” La rebelión de Chiapas fue un recordatorio de que el verdadero significado del TLCNA consistía en desmantelar los pocos logros relevantes que aun quedaban de la Revolución Mexicana del 1910-1920.

Como habíamos notado en nuestra revista teórica Proletarian Revolution número 42, el propósito principal del TLCNA fue deshacer permanentemente el proteccionismo nacionalista tradicional de México. Desde el punto de vista del capital mexicano de propiedad tanto doméstica como norteamericana, su meta consistía en extender el programa de las maquiladoras de la industria fronteriza, libre de tarifas, y de trabajo barato a todo el país de México. El TLCNA también busca garantizar que los futuros regimenes mexicanos continúen el programa liberal pro-imperialista del presidente Salinas. Representa un fuerte ataque sobre los estándares de vida de los trabajadores mexicanos al subordinarlos más directamente al capital imperialista.

Las revoluciones rusas y mexicanas

Contrario a la revolución Bolchevique del 1917 que creó el estado obrero soviético, la revolución mexicana consistió de una prueba negativa de la teoría de la revolución permanente de Trotski. Igual a su contraparte rusa, la burguesía mexicana era una clase débil incapaz de llevar a cabo la revolución burguesa y desarrollar el capitalismo mexicano. Bajo la dictadura de Porfirio Díaz, la economía mexicana fue completamente dominada por los imperialistas extranjeros.

Como resultado de esto, el rol principal en la revolución lo llevaron a cabo los trabajadores y campesinos que se levantaron contra la dominación extranjera y siglos de opresión. Como resultado de la lucha heroica, la revolución alcanzó una cantidad de logros, incluyendo la distribución de la tierra a los campesinos y la reducción de la dominación económica imperialista.

Sin embargo, con la ausencia de un partido revolucionario de la clase trabajadora que llevase a cabo las tareas de la lucha democrática burguesa hasta la revolución socialista, México fracasó en sobreponerse a su atrasado legado capitalista y completar su rompimiento con la dominación imperialista.

Desde la revolución, la burguesía mexicana ha buscado librarse de su débil posición ante tanto los EE.UU. como sus propios trabajadores y campesinos. Durante los años 1930, Lázaro Cárdenas llevó a cabo una serie de reformas y reorganizó al partido dominante para incorporar a los sindicatos y organizaciones campesinas al partido y al aparato estatal.

Los logros como los derechos sindicales se consiguieron a un alto costo, la perdida de independencia de la clase trabajadora con respecto al estado capitalista. Por ejemplo, bajo nuevas leyes laborales, a los trabajadores se le permitió organizarse en sindicatos e lanzarse a la huelga, pero el gobierno retuvo el derecho a decidir si las huelgas eran legales o ilegales. Tales leyes le permitieron a Cárdenas asumir un rol bonapartista, actuando como árbitro de la lucha de clases.

Durante los comienzos de su dominio Cárdenas permitió huelgas y trató de cooptar la lucha de masas utilizándola como garrote para disciplinar a los caudillos locales y a los terratenientes con el propósito de concentrar el poder en las manos del estado. Dado la debilidad de la burguesía mexicana, la intervención del estado en la economía era necesaria para que el capitalismo mexicano se desarrollase sin una dominación extranjera directa.

Sin embargo, a finales de los 1930, con el partido dominante firmemente establecido en el poder y la revolución “institucionalizada”, Cárdenas comenzó a aplicarle los frenos al movimiento huelgario y a las luchas campesinas.

Cárdenas utilizó la presión de las masas como arma contra los imperialistas, con el propósito de llevar a cabo su estrategia de fortalecimiento de la burguesía mexicana mediante el nacionalismo económico y el proteccionismo. Cuando movilizaciones masivas de los trabajadores y campesinos amenazaron con tomar la industria petrolera manejada por el imperialismo, Cárdenas se adelantó y nacionalizó las propiedades petroleras extranjeras. Mientras esto consistía en una victoria contra el imperialismo, los logros que resultaron de las movilizaciones de las masas chocaron contra las mismas masas. Se les dijo a los trabajadores que ya que las industrias nacionalizadas pertenecían al pueblo mexicano, ellos debían sacrificarse por el bien de la nación.

Desde los 1940, el dominante PRI ha utilizado al nacionalismo y su control estrecho de las organizaciones de trabajadores y campesinos para mantener el régimen unipartidista. Sin embargo, México continúa como un capitalismo frágil, dependiente del imperialismo norteamericano. Incapaz de desarrollar las fuerzas productivas de México, los capitalistas han llevado la nación a un abismo de pobreza y deuda. Cada día campesinos hambrientos se fugan del campo para llegar a las ciudades sin trabajo o esperanzas. Sin la válvula de escape de la emigración a los EE.UU., México hubiese explotado hace tiempo.

Encarando una inmensa deuda externa, la burguesía ha retornado al abrazo abierto del imperialismo del periodo pre-revolucionario. México se ha tornado en una gran venta especial de todo, con una invitación a los capitalistas extranjeros a entrar y apoderarse de la economía. Bajo términos dictados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), México amenazó con vender sus industrias estatales, desmantelando las fincas colectivas (ejidos), y cambiando las leyes para permitir más inversión extranjera, y eliminando programas sociales.

A pesar de estos esfuerzos, la clase dominante ha sido incapaz de escapar del legado de la revolución. La rebelión de Chiapas es una advertencia, que los trabajadores y campesinos lucharán para defender los logros remanentes aunque limitados de pasadas luchas.

A la misma vez, el levantamiento de Chiapas tiene un significado global, dado la internalización de la crisis de la deuda. Al capitalismo atacar a la clase trabajadora en país tras país para resolver su crisis de la deuda a expensas de las masas, su vulnerabilidad a las explosiones de las masas crece aún más.

Las decisiones en México

Los eventos de Chiapas lanzaron a México a una crisis política seria. Como respuesta a la represión brutal de los campesinos, incluyendo el bombardeo de ciudades, pueblos y aldeas y la ejecución sin juicio de rebeldes capturados, masivas demostraciones de trabajadores y estudiantes sacudieron la Ciudad de México. Dos meses posteriores a Chiapas, el candidato presidencial del PRI Donaldo Colosio fue asesinado bajo circunstancias que involucran una conspiración de oficiales policíacos.

Cuando los trabajadores y campesinos de México se lanzaron contra el dominante PRI, la burguesía acudio a las tropas de reserva del capital mexicano, la izquierda pro-capitalista. Esta llega ya organizada en diferentes regimientos, católicos radicales, estadistas, y hasta los "trotskistas" del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT; existen tres organizaciones utilizando ese nombre)... para mejor confundir y desarmar a las masas. Todos utilizaban las mismas armas ideológicas básicas: constantes andanadas de artillería, sobre la “democracia” con poca o ninguna referencia al socialismo y todos se alinean detrás del mismo general, Cuauhtemoc Cárdenas, el candidato presidencial del abiertamente burgués Partido de la Revolución Democrática (PRD), que se desvinculó del PRI antes de las elecciones descaradamente fraudulentas del 1988.

Cárdenas, el hijo de Lázaro Cárdenas, no se acerca en lo mas mínimo al radicalismo de su padre. Hasta hace 6 años era parte del liderato anti obrero del PRI, y su programa representa a la sección de la burguesía mexicana que ansían retornar a las viejas políticas del PRI de nacionalismo económico. Para ganar algún apoyo de las masas para contraponerlas a las presiones imperialistas, los nacionalistas burgueses ofrecen lanzarles a los trabajadores y campesinos unas migajas tipo estado benefactor.

Sin embargo, cuando las masas se levantan y amenazan la propiedad capitalista y al estado, Cárdenas y el PRD se esconden detrás del ejército. Aunque balbucean algunas palabras de simpatía hacia el EZLN, en el momento del alzamiento condenan la “violencia, de donde proceda” y atacan al EZLN por matar soldados. Los legisladores del PRD firmaron una declaración conjunta con el PRI y los miembros del conservador e burgués Partido de la Acción Nacional (PAN) contra el rompimiento “del orden legal en Chiapas”.

Para cualquiera que reclame los intereses de la clase trabajadora y le otorgue cualquier apoyo al burgués PRD es vergonzoso y constituye una traición. Pero la izquierda de México no esta sola en cuanto a este asunto. En El Salvador, Sur África, Brasil, la “ultra izquierda”, sigue estrategias electorales similares. En cada caso, los seudo-socialistas arguyen que la lucha por el socialismo no se encuentra en la agenda, y por esta razón las masas deberán apoyar a los nacionalistas burgueses reformistas. Las desastrosas lecciones de este método ya se conocen desde hace veinte años en el Chile del sangriento golpe.

Aquellos que posponen la lucha por el socialismo con el propósito de obtener primero la democracia no obtienen ninguno de los dos. El capitalismo apenas puede ceder la democracia, especialmente en los países neo-coloniales. Solamente una revolución socialista dirigida por la clase trabajadora ofrece solución alguna a la crisis mexicana y al capitalismo internacional.

Los revolucionarios defienden la lucha de los campesinos del EZLN contra el capitalismo mexicano. Pero los combatientes del EZLN siguen la dirección de los radicales de la clase media y no a una dirección revolucionaria de la clase trabajadora. Como movimiento campesino no son capaces de derrocar el orden capitalista. Solamente la clase trabajadora urbana tiene la cohesión y poder sobre los medios de producción para tomar el poder y reconstruir la sociedad sobre bases socialistas. Un ejemplo clásico de la necesidad de una dirección proletaria revolucionaria fue la revolución mexicana: los ejércitos campesinos de Emiliano Zapata y Pancho Villa capturaron el poder político y entonces lo devolvieron. Los trabajadores mexicanos combatieron en la revolución pero no tenían un partido con un programa de clase independiente para luchar por la dirección de la revolución.

El EZLN tiene una visión distorsionada de todo esto. Muy sabiamente preservan sus armas y su organización militar pero sostienen la peligrosa ilusión que son capaces de presionar exitosamente al PRI y al estado burgués a favor de significantes concesiones. Señalan hacia las fallidas revoluciones de América Latina como evidencia de que sus metas no deben ser dirigidas a la toma revolucionaria del poder. Ellos desean “el socialismo como los cubanos, pero mejor”.

De hecho, las revoluciones de América Latina fallaron en traerle la prosperidad a las masas y construir economías independientes del imperialismo. Los campesinos y trabajadores de México merecen algo mejor que Cuba, porque Cuba nunca ha sido socialista. Como explicamos en Cuba enfrenta la amenaza de los EE.UU. "Socialismo en un solo país" no es la respuesta, los trabajadores nunca tomaron el poder estatal. Presionados por las masas para que hicieran concesiones y por los imperialistas norteamericanos para que les permitieran seguir saqueando al país, los gobernantes guerrilleros de la clase media llevaron a cabo nacionalizaciones de gran envergadura. Trataron de maximizar la producción en las industrias y agricultura estatales y retener las ganancias en las manos de la burocracia estatal. En esto consistió el capitalismo estatificado estalinista de Cuba.

El intento de esquivar el mercado mundial mientras se construía el “socialismo” en aislamiento falló: la producción moderna es mundial, y cualquier intento de aislar a un país del mercado mundial más tarde que temprano conlleva el colapso, con un aumento de la privación y miseria de las masas. Hoy día, los gobernantes castristas invitan a los imperialistas a retomar sus lugares en la economía y sociedad cubana con la promesa de toda clase de concesiones pagadas con la explotación y opresión de las masas cubanas.

Chiapas señala hacia la revolución socialista mexicana venidera. No es posible un retorno al estado benefactor y al nacionalismo económico del pasado. Al capitalismo hundirse cada vez más en crisis, los intentos de Cárdenas y la seudo-izquierda mexicana a descarrilar las luchas de las masas hacia un abismo reformista sin esperanza, vislumbran un desastre. Al saludar el heroísmo revolucionario de los campesinos indígenas de Chiapas, debemos rededicarnos a la tareas históricas de la clase trabajadora revolucionaria: la construcción de la internacional obrera para dirigir a todos los explotados y oprimidos en la lucha para crear un nuevo mundo.

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