El siguiente artículo apareció en inglés en el número 71 de Proletarian Revolution (verano 2004).


La crisis dominicana requiere de una solución revolucionaria

Las devastadoras inundaciones en la isla de la Hispaniola resaltaron la dura existencia tanto en Haití como en la República Dominicana. Han fallecido sobre dos mil personas y quince mil han quedado desamparados. Pero el grueso del sufrimiento no ha sido provocado por desastres naturales sino por la mano del hombre. Este artículo focaliza sobre la escena política en la República Dominicana, lugar en el cual el 17 de mayo pasado la prensa celebró la victoria de Leonel Fernández del Partido de Liberación Dominicana (PLD) en las elecciones presidenciales.

Fernández había sido electo anteriormente pero no había gestionado nada a favor de las masas. Esta vez ha prometido llevar a cabo “unas políticas fiscales muy fijas”, que verdaderamente significa mas ataques sobre los estándares de la vida del pueblo. No hay nada que celebrar en la victoria de Fernández, como tampoco lo hubo con la victoria de su antecesor, Hipólito Mejía del Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

Y una mirada hacia atrás también demostrará que el desastre de la crisis económica dominicana, como los sufrimientos aún mayores del vecino Haití, han sido producto casi por completo de los EE.UU.

Trasfondo histórico

Los EE.UU. ocupó por vez primera a la República Dominicana desde el 1916 al 1924. En el 1930 un golpe militar le dio el comienzo a la sangrienta dictadura de 31 años de Rafael Leónidas Trujillo, que había sido parte del nuevo aparato militar adiestrado e instalado por los marines norteamericanos durante la ocupación. La crueldad mas grande de Trujillo (entre muchas otras) fue la masacre genocida e racista de cientos de miles de haitianos. Trujillo estaba esperanzado en desplazar las frustraciones de los trabajadores y campesinos dominicanos sobre estos inmigrantes súper-explotados. Casi todos los dominicanos tienen ascendencia africana. Los haitianos, sin embargo, en promedio son de piel más oscura. Muchos han huido a través de la frontera desde Haití para salvarse de una pobreza devastadora e descomposición social. Pero en la República Dominicana encaran una viciosa discriminación e odio racista. Igual a inmigrantes en todos lados cumplen un rol clave como trabajo de súper baja renumeración para los capitalistas, mientras los culpan por el desempleo causado por el mismo capitalismo.

El “anti-haitianismo” es parte clave del dominio capitalista dominicano debido a otras razones más; forma parte de una ideología racista más amplia de la elite “clase dominante blanca”. Después de todo, los capitalistas dominicanos también dominan masas categorizadas racialmente mixtas y negras. El racismo divide a los dominicanos unos de los otros como también de los inmigrantes haitianos, manteniendo a toda la clase trabajadora y a los pobres postrados.

Trujillo fue asesinado después de 31 sangrientos años. La oposición de largo plazo, el PRD, entonces dirigido por el Dr. Juan Bosch ganó las elecciones del 1962. El PRD, romantizado por la mayoría de la izquierda, aún bajo Bosch no fue nunca nada más que un partido burgués de retórica radical con un programa social demócrata. Se dio un golpe contra Bosch en el 1963 y se impuso una nueva dictadura militar apoyada por los EE.UU.. Pero en abril del 1965, se alzo la clase trabajadora contra la junta militar. En esta “Guerra de abril”, la junta fue derrotada. Y otra vez los marines invadieron para suprimir el levantamiento.

Los capitalistas imperialistas y dominicanos impusieron su propia versión de un “gobierno constitucional”, pero el enchapado, de hecho, era muy fino. Joaquín Balaguer, el ayudante principal e socio criminal de mucho tiempo del sangriento dictador Trujillo, ganó una elección presidencial fatula en el 1966, y formó al Partido Reformista que más tarde se convirtió en el conservador Partido Reformista Social-Cristiano (PRSC). El PRD acepto al nuevo régimen; su ala izquierda dirigida por Bosch, mas tarde se escindió y formó el PLD, el partido de Leonel Fernández hoy día.

La farsa del 1966 estableció la moderna “democracia” dominicana. Los partidos burgueses alternan en el poder mediante elecciones “libres”, que descansan sobre una inmensa fuerza militar y policial que a menudo opera fuera de los límites “constitucionales”. La base del PRSC fueron los militares y las clases capitalistas e pequeña burguesas, mientras que el PRD tuvo su apoyo significativo en los sindicatos obreros. El PLD construyó su base entre elementos de la clase media.

Pobreza de “mercado libre”

A mediados de la década de los ochenta, siguiendo la tendencia internacional impuesta por el imperialismo, la burguesía dominicana adoptó la tal denominada política de privatización de mercados libres. La caída de los precios del azúcar en los mercados internacionales había creado una crisis. Ya para el 1985 la república era una de las más pobres en la América Latina. Se lanzó una nueva estrategia económica basada en el turismo y las plantas de ensamblaje. Para atraer inversionistas extranjeros, principalmente de los EE.UU., se establecieron zonas francas en Santo Domingo y otros puertos. A estos inversionistas extranjeros se les permitió abrir fábricas para procesar vestimenta a medio terminar y otros productos. Los inversionistas no pagarían contribuciones o tarifas y podían contratar trabajadores pagándole el salario mínimo nacional dominicano. Una guardia de seguridad privada y la policía dominicana desalentaron fuertemente la sindicalización y los paros en estas zonas francas.

En el 1996, Fernández, un abogado y académico que se había criado en la ciudad de Nueva York, alcanzo la presidencia por vez primera. (Nueva York es la ciudad con la segunda población más alta de dominicanos en el mundo después de Santo Domingo; existen 8.8 millones de dominicanos en la república, otro millón en los EE.UU. continentales, y un buen número en el cercano Puerto Rico y otros lugares.) Fernández ganó las elecciones en la segunda ronda mediante un trato histórico que le ganó el apoyo del abiertamente reaccionario Balaguer y el PRSC. Ya en el poder, Fernández abandonó toda la retórica socialista del partido y llevó a cabo unas privatizaciones masivas, particularmente en la industria de generación energética.

Al principio mucha gente dominicana de clase media y hasta trabajadores le dio la bienvenida a las privatizaciones. La compañía de energía estatal había sido notoriamente ineficiente ya que provocaba apagones frecuentes. Los nuevos propietarios privados proveyeron servicios más seguros durante un tiempo, y el gobierno utilizó los dineros recibidos de la venta para mejorar los servicios municipales y fondos educacionales. Pero los logros aparentes no duraron mucho tiempo: solamente se puede vender la misma propiedad estatal una sola vez. Ya para finales del término de Fernández en el 2000, el dinero se había terminado.

Huelgas y protestas contra el desempleo, aumentos de precios y apagones energéticos ya habían comenzado tan temprano como para el 1997. Los efectos desiguales del “boom” se hicieron penosamente claros. La totalidad del gasto social bajo Fernández fue el 7% del PDB, la mitad del promedio latinoamericano. De todos modos, las leyes electorales no le permitieron a Fernández correr de nuevo en el 2000 como el candidato del PLD. Ganó Hipólito Mejía. Posterior al 11 de septiembre del 2001, sin embargo, colapsó la economía: el turismo se desvaneció, las exportaciones y las inversiones extranjeras sufrieron una caída y múltiples pagos de la deuda se vencieron. La inflación se disparó, el combustible escaseo y los apagones energéticos se hicieron mas largos y mas frecuentes que durante los peores días de la propiedad estatal anterior. La lucha de la clase trabajadora recomenzó, esta vez, contra Mejía.

El proceso hacia las huelgas generales

Desde los finales del 2001 hasta el otoño del 2003, el peso dominicano perdió la mitad de su valor relativo al dólar norteamericano. La escasez de combustible y la falta de inversiones y mantenimiento hicieron que los apagones energéticos fuesen más frecuentes, más largos, y más extensivos. El precio de la gasolina y el diesel dobló, a tal modo que a los taxistas ya no le alcanzaba para comprarla y trabajar.

Los precios de los alimentos doblaron. Los costos de la matricula universitaria aumentaron a tal extremo que obligó a miles de estudiantes a abandonar sus estudios. El desempleo aumentó dramáticamente. Para empeorar las cosas aun más, el FMI apretó más los tornillos, obligando al gobierno a aumentar las contribuciones sobre ventas hecho que aumentó aun más la inflación. En síntesis, las miserias del capitalismo aumentaron aun más en la república bajo la presidencia de Mejía.

Lo que culminó la copa fue el fracaso en abril del 2003 del Banco Internacional (Baninter), el segundo banco más grande del país, aparentemente debido a un fraude masivo. Contrario a la ley dominicana, Mejía salvo al Baninter a un costo exorbitante de $2.200 millones, consumiendo dos tercios de la totalidad del presupuesto anual del gobierno (y 15% del producto domestico bruto). Los costos de salvar la banca alcanzaron cerca de 20% del PDB con el fracaso de dos bancos más.

Mientras tanto, el gobierno rebajó los presupuestos y aumentó los cargos para todos los bienes y servicios que necesitaban los trabajadores. Por esta razón nadie se sorprendió cuando el 1 de julio del 2003 los trabajadores airados y otros marcharon en protesta en Santo Domingo. Eran dirigidos por Ramón Almánzar, presidente del Partido de la Nueva Alternativa y Ramón Pérez Figuereo, secretario general del Centro Nacional de Transportistas Unificados (CNTU).

La poderosa CNTU fue una de los pocos sindicatos establecidos que tuvieron un importante papel en la huelga general, ya que la mayoría de los sindicatos se oponían a la huelga y colaboraban con Mejía contra la misma. La demostración protestaba contra un nuevo acuerdo con el FMI. La policía nacional atacó y rompió la marcha con un ataque de gases lacrimógenos y arrestó a 40 personas. Al poco tiempo, el presidente Mejía lanzó a miles de policías y militares en redadas contra los hogares de la clase trabajadora, estudiantes, y otros activistas, para buscar alegadamente armas ilegales. Estas redadas resultaron en cientos de arrestos más.

La organización de la huelga general

Solamente al par de meses se convocó una huelga general. Muchos dirigentes de los partidos de izquierda asumieron unos papeles importantes, pero los dirigentes mas destacados fueron Almánzar y Pérez Figuereo del sindicato de transportistas CNTU. Las redadas de julio del gobierno no disuadieron a los trabajadores y a otros oprimidos a continuar con sus luchas. Hubo una larga lista de demandas, que incluían: la reducción del costo de la canasta familiar, la reducción de los precios del combustible, un alto a los apagones energéticos, un aumento salarial de 100%, una reducción de los cargos y precios de transportación, la renacionalización de las empresas energéticas privatizadas, un alto a los acuerdos con el FMI, cero aumentos en la deuda externa, y un resonante no al acuerdo de libre comercio con los EE.UU..

Ciertamente estas demandas y otras eran vitales. Pero de acuerdo a nuestra visión, la cuestión de la deuda imperialista se debía haber tomado más fuertemente. Aun para lograr otras demandas económicas y sociales, y ni siquiera comenzar a construir una economía viable, no resulta suficiente demandar simplemente que se de por terminados los aumentos a la deuda. Cualquier pago de la deuda resulta en hambre para los trabajadores -- literalmente. Es necesario que se demande que el gobierno dominicano repudie la deuda completamente.

Los trabajadores dominicanos, como todos los trabajadores a través del Caribe y América Latina, están en la misma situación y ciertamente aprobarían y se identificarían con tal lucha.

Ambas huelgas

La primera huelga, la del 7 de abril del 2003, duro 24 horas como fue planificada, y paralizó al país como también se había planificado. La mayoría de los reportajes nos dicen que fue la acción obrera de mas sólido apoyo que se haya llevado a cabo desde hace un sinnúmero de años. Todas las ciudades se paralizaron.

La respuesta del gobierno fue la represión masiva. Seis trabajadores fueron baleados a muerte y hubo sobre cien heridos. Se arrestaron a cientos, incluyendo a Almánzar. El resultado fue que el gobierno no hecho para atrás -- como se esperaba debido a que la huelga duro un solo día. En vez de extender la huelga más allá de un día, se decidió a favor de otra huelga de 48 horas de duración para finales de enero del 2004.

La segunda huelga general, la del 28 y 29 de enero, se le añadió otra demanda: la renuncia de Mejía y la totalidad de su gobierno. Por razones electorales propias, el PLD y el PRSC declaron que la apoyaban. Hasta el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP), la organización empresarial más poderosa, apoyó dicha demanda.

Sin embargo, esta huelga tuvo una participación un tanto menor que anterior. Los organizadores esperaban una efectividad de 90%. Los trabajadores de las zonas francas casi todos participaron en la huelga, pero sus patronos en anticipación los habían obligado a trabajar el sábado y domingo anterior a la huelga. Los hospitales y clínicas cerraron. Muchos comercios pequeños abrieron sus negocios el primer día, pero aparecieron muy pocos clientes o trabajadores. Los comercios cerraron antes del mediodía y ya no abrieron para el próximo día de la huelga. No hubo casi transporte de pasajeros o mercancías. La participación no fue tan fuerte en Santo Domingo pero aumentó considerablemente en Santiago de los Caballeros, un centro tradicional de militancia obrera, y San Pedro de Macorís, otra gran ciudad, y otros pueblos grandes.

La misma represión estatal prevaleció. Los huelguistas esta vez organizaron mejores autodefensas. En los vecindarios pobres en el norte de Santo Domingo, y en otros lugares, columnas de trabajadores, algunos encapuchados, se batieron con piedras y bombas de fabricación casera con la policía y los soldados. Murieron siete huelguistas tiroteados por la policía. Un policía también murió tiroteado. Otra vez, sobre cien huelguistas sufrieron heridas y se arrestaron a cientos más. De nuevo la policía arrestó a Almánzar y a Pérez Figuereo y a algunos dirigentes de los partidos de izquierda, deteniéndolos brevemente.

Muchos huelguistas querían permanecer en huelga hasta lograr sus demandas, pero de nuevo los dirigentes los enviaron a trabajar siguiendo el itinerario, dando como excusa la posible represión estatal. El gobierno no cedió nada, solamente tuvo que esperar, después de todo, la huelga duraria dos días.

En febrero otra huelga de 48 horas fue anunciada para los días 16 y 17 de marzo, con las mismas demandas. Pero no se dio la tercera huelga general. Y está muy claro que una “tercera huelga general” conducida de la misma manera que las anteriores dos, hubiese dado el mismo resultado.

Los fracasos de la izquierda

En los eventos del 2003-2004 hasta ahora, los huelguistas mostraron su determinación y militancia y comenzaron a organizar su propia autodefensa efectiva. Sin embargo, por lo que hemos visto, ningún partido de izquierda apoyó un plan necesario para la autodefensa armada de las masas obreras, demandaron que los dirigentes de la huelga organizaran su defensa o ni siquiera discutieron la necesidad para tal propaganda. La falta de todo esto garantizaba de antemano la derrota. ¡Por un lado, este es un país donde se encuentran grandes cantidades de armas y, por otro lado, la policía constituye una amenaza constante!

La izquierda también fracasó en no armar a los trabajadores políticamente. Sobre todo, ¿Cuál fue el propósito de los llamados a la “huelga general”? Bajo ciertas circunstancias, una huelga de protesta de uno o dos días de duración puede constituir un paso efectivo. Este no fue este el caso en la República Dominicana. Para cambiar el balance de fuerzas, la lucha necesitaba intensificarse vertiginosamente. Pero los dirigentes de los trabajadores nunca lucharon para lograr esto.

Una huelga general puede ser una manera vital de lograr la unidad de la clase trabajadora al utilizar el poder de la clase para paralizar la economía y lograr verdaderos alcances. Cualquier huelga general seria, mas allá de un ejercicio de protesta de uno o dos días, también puede tener un efecto dramático sobre la conciencia política de los trabajadores; los mismos trabajadores empiezan a organizar su propia lucha y, de hecho, su propia manera de conducir la sociedad.

Inevitablemente surgen asambleas y consejos obreros para tomar las decisiones de la lucha. Estas a la vez, se convierten en foros donde los partidos socialistas pueden discutir a favor de sus propuestas y visiones y tratar de convencer a sus compañeros trabajadores: pueden surgir nuevos dirigentes, y, de hecho, puede desarrollarse en la lucha un auténtico partido revolucionario de la clase trabajadora.

Como comentaba frecuentemente Trotski, cualquier huelga general seria plantea la cuestión del poder estatal. A pesar de lo que se logre inmediatamente en una huelga general, la clase trabajadora comienza a crear sus propias instituciones y se percata de que las únicas alternativas reales son la continuación del poder estatal capitalista o la revolución para establecer el poder estatal obrero.

Por estas razones, la LRP aboga a favor de la arma de la huelga general como la mejor táctica para combatir contra los ataques capitalistas bajo muchas circunstancias en el mundo de hoy. Pero esto también significa explicar consistentemente que solamente la revolución obrera, la derrota del estado capitalista y su reemplazo con el estado obrero revolucionario, podrá lograr y sostener las demandas de los trabajadores. Ninguna organización izquierdista dominicana que sepamos cumplió con este esencial trabajo de propaganda leninista.

El etapismo izquierdista

Trabajadores dominicanos que muy contentos siguen a los partidos de izquierda en las huelgas de masas y votan a favor de estos arrolladoramente a posiciones sindicales nunca le han dado más de 10% de sus votos en las elecciones presidenciales. Desconectados (hasta ahora) de una muy limitada experiencia de independencia de clase que han ejercido en la lucha, los trabajadores por costumbre han votado a favor del PRD o, mas recientemente, por el PLD. ¿A que se debe esto? La razón es el programa y la practica de los mismos partidos “comunistas”.

Por lo que hemos visto, todos creen que la revolución dominicana debe hacerse en dos etapas. La primera, la etapa anti-imperialista, requiere la participación unitaria de casi todas las clases, incluyendo a los capitalistas. El imperialismo, extranjero, mayormente norteamericano, ha evitado que la burguesía dominicana se desarrolle como una burguesía nacional sobre una economía con un desarrollo balanceado. Solamente luego de primero liberar la economía capitalista de la dependencia del imperialismo norteamericano y de sus lacayos más abiertos podrá entonces la clase trabajadora enfrentarse a la burguesía nacional; solamente entonces, dice la teoría, será la hora de abogar a favor de la revolución socialista obrera. Hasta entonces, los pobres y explotados dominicanos, desde los trabajadores y campesinos hasta la clase media y hasta la pequeña y gran burguesía deberán mantener una alianza estratégica. Bajo tal teoría, la etapa donde los trabajadores podrán luchar a favor de si mismos, por la revolución socialista, nunca se logra. Y tal perspectiva no provee ninguna razón de principios para no votar a favor del candidato burgués menos malo -- aun donde partidos izquierdistas lleven a cabo campañas eleccionarias a la par.

El mayor grupo estalinista de la década de los setenta, el Movimiento Popular Dominicano (MPD), sostuvo esta ideología populista de la clase media. Bajo la presión de las luchas de trabajadores de masas, se fragmentó a finales de esa década. Varios grupos salidos del MPD se autodenominan casi todos partidos “de los trabajadores” o “comunistas” pero todavía retienen el programa populista del MPD. Los trabajadores han visto a muchos de estos partidos de izquierda llevar esta ideología a su conclusión más lógica -- coaliciones electorales o hasta fusiones con partidos burgueses.

Hasta ahora los trabajadores dominicanos no han visto una alternativa revolucionaria verdaderamente auténtica. Y por ende una gran cantidad de gente de la clase trabajadora votó a favor de Fernández, esperanzados contra la esperanza de lograr unas condiciones un poco mejor de lo que han gozado hasta ahora mientras que saben a ciencia cierta y a otro nivel que este tipo no es ningún héroe. Ellos simplemente no vieron otra alternativa.

“El escoger a los menos malos”, por cierto, les conviene grandemente a los imperialistas y a los capitalistas del patio. Significa básicamente que los explotados y superexplotados aceptan su miserable existencia. Los gobernantes están felices que la clase trabajadora todavía no ve la posibilidad de una nueva sociedad socialista, donde a cada ser humano se le garantizará una vida decente -- y todas las formas de racismo, chovinismo nacional y otros maltratos podrán ser erradicados.

Los gobernantes saben que una vez grandes números de trabajadores entiendan que nuestra clase tiene el poder para llevar a cabo el socialismo, el imperialismo esta condenado al fracaso.

La alternativa revolucionaria

Los trotskistas auténticos rechazan la teoría de las dos etapas, que históricamente se convirtió en una cobertura para la traición estalinista de las revoluciones obreras a favor de alianzas con supuestamente sectores progresistas de la burguesía. Trotski entendió que en la época imperialista todos los sectores de la burguesía nacional, incluyendo a los gobernantes de las naciones oprimidas, tienen intereses de clase completamente atados a la propiedad capitalista y, por lo tanto, son hostiles a las necesidades de la clase trabajadora. La estrategia de la revolución permanente de Trotski hace un llamado a favor de la lucha independiente de la clase trabajadora en alianza con el campesinado y todos los oprimidos.

La teoría permanente también contrarrestó el mito estalinista de que el socialismo se puede edificar en un solo país. El socialismo requiere un nivel más alto de producción y recursos de los que se pueden lograr bajo el capitalismo. Requiere la construcción de una economía internacional de cooperación, solamente posible con la derrota del capitalismo en un número de países y una federación socialista de los resultantes estados obreros. El internacionalismo revolucionario, y no el nacionalismo, es fundamental a la estrategia para lograr el socialismo. Como un paso en esa dirección, los trotskistas subrayan la importancia de recrear la Cuarta Internacional basada en un programa auténticamente revolucionario para la unidad obrera y la revolución a través del mundo.

Algunos socialistas de mentira reclaman falsamente que la revolución permanente significa revoluciones simultáneas en varias naciones -- como si tal cosa se pudiese decretar. Sin embargo, el ambiente altamente “globalizado” de hoy día permite unas comunicaciones instantáneas y obliga a muchos trabajadores y oprimidos alrededor del mundo encarar al mismo enemigo imperialista, las mismas condiciones básicas de vida, y hasta las mismas compañías multinacionales. Nuestra teoría y programa reconoce que una revolución en un país podría fácilmente inspirar y expandirse a otro país. Y de hecho la diseminación de la revolución es una parte esencial de la estrategia.

La necesidad de la unidad de la clase trabajadora y la revolución internacional se contrapone contra la enemistad contra los haitianos propagado a propósito y continuamente por la clase gobernante dominicana. Un partido auténticamente revolucionario lucharía contra el anti-haitianismo que es fundamental para la lucha de la clase trabajadora en la República Dominicana.

Todo esto requiere la construcción de una nueva dirección obrera, un verdadero partido revolucionario obrero. Los trabajadores políticamente más conscientes tienen que comenzar a construirlo.

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